La vuelta de vacaciones supone un retorno relajado en lo físico, pero, viendo el panorama…
Es necesaria una ley que señale a los incendiarios de bosques como asesinos que deben ser condenados de por vida, tras acabar con nuestros bosques, nuestra fauna y vidas humanas. Enfermos pirómanos son pocos. Detrás del horror, en su inmensa mayoría, suelen haber intereses económicos que se camuflan en causas patológicas para minimizar los costes penales. Debe explorarse la posibilidad de que se penalice de por vida a estos infractores.
Debe revisarse por completo la ruinosa política de subvenciones y pagas sin contraprestación social, por otra en la que todos contribuyamos al sostenimiento de la sociedad. A cambio de unos dineros que aportamos entre todos los contribuyentes, el que lo reciba debe adquirir el compromiso de generar valor. Por ejemplo, limpiando bosques y cuidando nuestra naturaleza. Es mejor dar un sueldo a cambio de esfuerzo que una paga a cambio de nada. Además, una medida con exigencia de presencia supondrá un desahogo para nuestros autónomos, que dejaran de competir con los que actúan fuera del perímetro de la fiscalidad y deberán elegir a qué dedicar su tiempo.
Debemos exigir que se defienda la tradición cultural de la sociedad española. No podemos tolerar que vuelva a repetirse la historia, ahora con la complicidad y financiación de unos políticos impresentables contrarios a nuestros cimientos. Somos testigos de la realidad y no hace falta decir más. El incendio de una iglesia, este pasado fin de semana, debería activar muchas neuronas adormecidas.
El sanchismo es superdotado a la hora de camuflar su mediocridad e incompetencia, alardeando de una superioridad moral y capacitiva que, en realidad, no llega a los umbrales mínimos de lo que se espera de cargos con responsabilidad. Con el engaño y la manipulación por bandera, su cúmulo de miserias se ha convertido en la mejor tarjeta de presentación de una política rastrera y vendepatrias que debemos superar lo antes posible.
Borja Dacalan