Trato un tema delicado, al saber que la política dominante en España tiende justo a plantear lo contrario, como es el abandono que sufre la “España vaciada” y el reemplazo social pronosticable, si no cambia la tendencia y las políticas. Bajo ese argumento de que los que hoy subvencionamos serán los que mañana sostengan nuestro sistema de pensiones, que no se lo creen ni ellos, estamos sufriendo un cambio demográfico en numerosas poblaciones que puede empezar a tener consecuencias tanto sociales como culturales.

Durante este verano, aprovechando las vacaciones en pequeños pueblos del interior de Aragón, he podido ser testigo de una realidad preocupante que lleva a un diagnóstico incierto a la hora de proyectar la situación demográfica a una década vista. En este sentido, hemos de empezar a asumir que el futuro del mundo rural interior, dada la progresiva falta y abandono de población nativa y su compensación con la llegada intensiva y bonificada de población, mayoritariamente marroquí, nos aboca a una nueva realidad social y cultural.

Nuestras tradiciones y cultura popular, en ubicaciones en donde la proporción demoscópica empieza a dar la vuelta a la tortilla, tiene una perspectiva cortoplacista a la baja y da credibilidad a un posible cambio cultural si sigue la tendencia. El riesgo existe y será una de las herencias sanchistas a replantearse, si de verdad nos preocupa el bienestar y la sociedad libre que hoy, todavía, disfrutamos en España.

Las aulas en los colegios ya ven al pequeño Pedro, Jóse, Juan, Irene, Mari o Ana, por poner ejemplos, como la excepción. Grave consecuencia de la falta de natalidad de unos, que se ven obligados al sacrificio del trabajo incompatible con la crianza de hijos, frente a la gratificada proliferación de los que han llegado del reino alauí.

Pasear y escuchar a grupos de adolescentes hablando en árabe, o ver el parque infantil repleto de críos de ese mismo origen (las madres que les acompañan no pasan muy desapercibidas) llama la atención. Mientras domine el respeto y el civismo no habrá problema, pero todo puede cambiar si en algún momento se creen que viven con las reglas del otro lado del estrecho.

Borja Dacalan