Los niveles de degradación a los que llega la política española, de la mano de unos vendepatrias como los que arropan al sanchismo y rinden pleitesía a su líder absoluto, sobrepasan ya los límites tolerables. Ver de rodillas pidiendo perdón a un presidente del Gobierno, para que los fanáticos separatistas no le dejen con el culo al aire, da mucha pena y asco.
La coalición gobernante no está a la altura. Por un lado, los extremistas del comunismo de alta costura, que saben que han de alargar en lo posible su estancia en el poder antes de desaparecer, ejercen su papel de muleta pese a aparentar distanciarse en algunos temas haciéndose los remolones. Con la palabrería y postureo de “la Yoli”, más el descrédito por sus casos reiterados de abusos y trato denigrante e hipócrita a las mujeres, parecen del todo finiquitados.
Respecto a los socialistas, si dejamos al margen el elevado grado de clientelismo que les sostiene, con tanto voto comprometido o subsidiado fruto de la mano rota del sanchismo, parecería que no tienen mucho más donde rascar. Si sus votantes fueran coherentes, a tenor de la magnitud de los escándalos en los que ya se han metido tres cuartas partes de los mafiosos paseantes del Peugeot del “número uno”, los casos de abusos machistas que minan su expectativa de apoyo femenino, la mala puntería del gran jefe a la hora de elegir a los responsables del aparato del partido y, por supuesto, los problemas indignos de corrupción desmesurada que llevan reiteradamente al círculo íntimo del presidente a los tribunales, el horizonte previsible del PSOE pasa por tocar suelo y confiar en un renacimiento al margen de la lacra que ahora parasita el partido.
Y, al margen de los coaligados, si miramos el resto que da forma a la mayoría parlamentaria Frankenstein, faltan palabras para calificar a tanta miseria y podredumbre.
La verdad es que se hace insoportable tanta vejación a España y a los españoles. Urge que opinen los españoles, dando la patada a tanto impresentable y devolviendo la dignidad y credibilidad a la clase política.
Borja Dacalan