Carentes de la sensación de ridículo en el seno del sanchismo, la ciudadanía no debe olvidar el descrédito que ensombrece la seriedad de la política española. En este sentido, está siendo muy penosa y lamentable la imagen que brindamos a nuestros socios europeos ante la obcecación del Gobierno de España, con el ministro de Exteriores de abanderado respondiendo a la fusta de su amo, al tener que plantear de forma recurrente y en formato bucle la posibilidad de que se reconozca la oficialidad del catalán en Europa.
Sin miedo ni complejo, y esa sensación de que todo vale con tal de seguir en el cargo, debe seguir remando y dar coba a la matraca reincidente que supone el hazmerreír del continente, tras alcanzar en esta ocasión la séptima respuesta negativa. No será la última, conociendo la miseria y el grado de perversión de la política rastrera que domina los intereses y el devenir de España con semejantes personajes en el Consejo de Ministros.
El octavo asalto ha dado comienzo desde la negativa del séptimo. Sánchez y sus palmeros saben que hay que tener contento al extremismo que tiene su nido en Waterloo, aceptando verse sometido y sumiso con tal de seguir, en apariencia, con las riendas. El manual de resistencia debe darles el tiempo necesario para alcanzar el alineamiento judicial en favor de la mafia sanchista, evitando el orden y la ley en su corrupción generalizada.
Con este tema por bandera, más todos los que considere oportuno poner encima de la mesa de negociación el separatismo consciente de la agonía, parece evidente que seguiremos viéndonos en esta tesitura humillante hasta que se puedan abrir las ventanas del palacio de la Moncloa para que se airee el hedor sanchista.
Este absurdo planteamiento idiomático, que obedece a una necesidad de tener contentas a las minorías extremistas que sostienen al actual “desgobierno” de España, carece de sentido y lógica desde el prisma europeo. Aún así, conociendo el grado de necesidad que les ahoga, no descarto que, aunque solo sea por agotamiento y lástima tras ser testigos de la bajeza a la que el ser humano puede llegar a cambio de poder, se pudiese llegar a valorar la posibilidad de abrir el melón de las lenguas minoritarias y su oficialidad en el contexto europeo.
En tal caso, si llegamos a esta situación de ruina en todos los sentidos, propongo que sea sin límites. Me refiero a que, si aceptamos la dinámica de caída en barrena del proyecto europeísta, se valore la opción de oficializar las más de 200 lenguas no oficiales que tenemos en Europa. Si hacemos el panoli y queremos hacer de Europa un chiste, como preámbulo del fin, que sea ya sin límites y a lo grande.
Javier Megino