En otro agotador alarde de hipocresía, y de evidencias claras de tendencia patológica a la manipulación de la información, tuvimos que soportar hace unos días la comparecencia del señor de las mentiras en su balance de cierre de curso parlamentario.

El personaje que preside el Gobierno de España, el mismo que tiene en el punto de mira judicial toda la corrupción del sanchismo de proximidad, sigue esforzándose en esa difícil tarea de perdurar en el poder dejando de lado los valores, los principios, el programa electoral y, por supuesto, riéndose a carcajadas de la hemeroteca que lo deja en paños menores.

Ante los medios, con los que molestan amordazados, decoró su palabrería como hizo él y sus alumnos aventajados al redimensionar el currículum. Debe desdibujarse la mediocridad, siguiendo el ejemplo del famoso doctorado de titularidad real cuestionable que marcó la senda a seguir, y, en esa misma línea, manipular los resultados de las políticas sanchistas despidiendo el curso con un balance que solo un ser miserable y falso es capaz de defender ante la opinión pública.

El teatrillo ante los medios, tergiversando los objetivos cumplidos a mitad de legislatura, obvió temas cruciales que tienen que ver con esa conducta imperdonable en favor de los golpistas y del resto de socios que le sostienen en el poder. Unas minorías interesadas que se saben controladoras de ese meme de político capaz de desangrar al máximo al Estado español por continuar en el poder.

En este sentido, su mera insinuación de que pueda llegar a sentarse fuera de España con el fugado Puigdemont es el mayor insulto a los españoles. La necesidad ególatra de poder y de aforamiento le ha nublado la mente, aceptando la redefinición de todo lo que pasó en 2017 pese a las claras evidencias del fanatismo violento separatista. El colmo de los colmos será llegar a verlo arrodillado ante su amo.

Con la esperanza de que vuelva la cordura y el sentido común, con gobernantes presentables que dejen en el olvido esta etapa negra de la política española, contamos los días hasta la próxima cita electoral con la intención de que la mayoría alternativa sea aplastante y sin complejos. El suspenso acumulado puede revertirse, corrigiendo los errores acumulados y devolviendo a los españoles un futuro prometedor y con orgullo de ser lo que somos.

El objetivo debe ser alcanzar un porcentaje cualificado que haga posible implementar los cambios constitucionales necesarios para que no se repita la historia, eliminando toda posibilidad de presencia parlamentaria en favor de los que no respeten a España y sus instituciones. Para ello, solo hemos de copiar los redactados constitucionales de nuestro entorno, siendo claros, contundentes y sin florituras. El reto será que se sepa contar y aunar esfuerzos con todos los dispuestos a remar en el mismo sentido, sin dejar por el camino, acomplejadamente, a nadie que sienta y quiera lo mejor para España.

Javier Megino