El pasado 15 de agosto falleció Javier Lamban. Un político que siempre ha sido una persona a la que he tenido cariño y con la que he sentido proximidad al escucharle. La conexión no es por sus políticas, al no poder entrar en valoraciones de sus capacidades gestoras como responsable de la gobernabilidad de la comunidad de Aragón por ser residente en la vecina comunidad catalana, pero su posicionamiento en contra del líder actual del PSOE, máximo exponente de ese sanchismo parásito que lo ha contaminado, es la razón verdadera del sentir que antes he aludido.
En mi recuerdo siempre quedará esa última entrevista que pude ver en televisión, en un cara a cara con Susana Griso en su programa matinal “Espejo Publíco” mientras disfrutaba de sus vacaciones en la Costa Dorada de Salou, para hacer un seguimiento de su evolución y valorar las políticas del jefe del PSOE. En sus respuestas dejó patente, una vez más, su enfoque crítico hacia ese personaje que tanta deshonra está ocasionando a los verdaderos socialistas que todavía perduran en el PSOE y, por extensión, a todos los españoles.
Con una imagen personal que visualizaba las evidentes muestras físicas del agotamiento que su cuerpo ha ido soportando para combatir la enfermedad, se me quedó grabada la frase con la que cerró la entrevista mandando un mensaje optimista, consciente de la percepción que podía sacar el televidente testigo de la charla, con un halagüeño “estoy mejor de lo que aparento”. Palabras que suponían una esperanzadora percepción de que la lucha iba por buen camino y, pese a lo que se pudiese concluir en una primera impresión, la salud iba a mejor.
No han pasado muchos días desde entonces y, por desgracia, la fatídica noticia llegó el pasado 15 de agosto, en un día festivo nacional que quiero pensar que ha sido un guiño de la Providencia para el recuerdo agradecido de todos los buenos españoles por su esfuerzo, dedicación y compromiso en favor de la nación española.
No entro en su política a nivel gestor, incapaz de ser objetivo por desconocimiento, pero si enfatizo y valoro su patriotismo. El de un gran referente de ese PSOE natural y sano que no se ha visto viciado por el denigrante y obsesivo sanchismo necesitado de poder. Él, junto con otros emblemas de dicho partido previo al paseíllo en Peugeot del narcisita que hoy reside en Moncloa, no ha tenido complejos a la hora de hacer frente a la cúpula directiva de su partido por su posicionamiento sumiso ante las paranoias de los verdaderos enemigos de España, ya sean herederos del terrorismo etarra, fanáticos extremistas del soberanismo catalán o el hermano marroquí chantajista con los secretos del espionaje Pegasus.
Mi adiós agradecido, con gran aprecio y pesar, al presidente Lambán por su amor a Aragón y a España. Se ha ido un político firme en sus convicciones y principios que, por eso mismo, ha sido siempre un muro en contra de la pérdida de decencia y credibilidad de un PSOE enfermo que necesita librarse cuanto antes de Sánchez y sus bufones.
La actitud de Javier Lambán le hace merecedor del cariño de todos los que, como él, sentimos y sentiremos España hasta el último aliento. Mi más sentido pésame.
Javier Megino