La desgracia que ha supuesto el primer tramo de legislatura, con un Gobierno débil, sumiso y condescendiente con todo aquel que le haya dado apoyo, se aventura mejor que la etapa angustiante que todavía nos queda por soportar en manos de la tropa mafiosa y corrupta que controla las riendas de España. Un país con una trayectoria histórica que nos debería ubicar de forma constante entre las naciones importantes en el contexto internacional, pero que está siendo irreconocible y menospreciada con el paso de Sánchez y su lacra de barrigas llenas por el poder.
Si fue doloroso y traumático el tiempo pasado, en el que había fraternidad entre socios y se hacían malabares parlamentarios demostrando una conexión hermanada con los camuflados manchados de sangre, los totalitarios golpistas del lacito y todos los fanáticos ultras de la extrema izquierda -ya sumen o puedan-, lo que parece que nos deparará el segundo tramo de la presente legislatura es preocupantemente imprevisible.
En todo caso, bajo el yugo de lo mejorcito de la sociedad no cabe esperar nada positivo para el futuro de España. La cuerda floja y el peligro constante de perder el poder nos pone en estado de máxima alerta, puesto que conocemos el modo de actuar de los impresentables que nos gobiernan y su carencia de principios, dando preferencia a las posturas vanidosas que hacen todo cuestionable y susceptible de cambiar al gusto de las minorías radicales que dan sustento a Sánchez y su entramado.
La necesidad de desviar el vendaval judicial, confundir a la opinión pública y disponer de más tiempo para manipularlo todo, da alas a los que existen con el único fin de acabar con España. La sinergia y comprensión entre éstos y los sanchistas, conniventes ante tal posibilidad, pone a España a los pies del fanatismo que ha parasitado al PSOE y de los extremistas del rupturismo, que van a disponer de muchos comodines durante estos dos años que quedan con el maligno residiendo en Moncloa.
Comienza una nueva quiniela de cesiones y concesiones a mansalva. Único bálsamo para apaciguar al verdadero amo que nos gobierna a todos los españoles desde Waterloo. Dos años en los que será constitucional lo que no es y se dibujará la senda de España al gusto de Puigdemont y sus palanganeros, con un Gobierno ruin que venderá como legal cualquier ilegalidad mientras sirva para ganar tiempo y seguir transformando España hacia un formato que nos recuerda mucho a Maduro y sus abusos.
Javier Megino