En lo que parece la victoria en una batalla, apelando a la cordura y la razón tras la condena al Fiscal General del Estado (FGE), amigo del perímetro cercano al “número uno” que estaba en la cuerda floja judicial como lo están tantos otros delincuentes de su séquito doméstico a la espera de condena, nos quedamos a expensas de los próximos acontecimientos. Esos que, previsiblemente y en la sombra, supondrán movimientos subversivos cuestionando la validez y la coherencia de la sentencia del Tribunal Supremo (TS).

Conociendo la historia reciente de intromisión del poder sanchista en la Justicia, éste jugará todas sus bazas y trabajará sin descanso para manejar los hilos y seguir manipulando los fallos de forma acorde a las lesivas y viciadas pretensiones que favorecen el discurso zafio y mentiroso que Sánchez esgrime para defender lo indefendible. Nuevamente, la esperanza la depositan en el Tribunal Constitucional (TC). La expectativa es alta conociendo el reparto de sillones en ese Tribunal al que consideran el último cartucho para zanjar la discusión y, de ese modo, brindar al inquilino de Moncloa la victoria que desea. Este personaje ya ha perdido definitivamente la vergüenza y le da lo mismo el cómo, importando únicamente el resultado final. El marrullero solo desea restregar ese posible éxito, aunque sea forzado y tergiversado, por las narices de la oposición y, en especial, dar un capón a la política que más teme, en referencia a su verdadera obsesión que es la presidenta Ayuso.

Llegados a este punto, la imagen del TC rebajándose a las plegarias que llegan desde el Ejecutivo es más que posible. El argumento de que se acoja a los derechos fundamentales y, por esa vía, exonere o alivie la sentencia al FGE fallada por el TS, tiene mucha semejanza y paralelismo con aquellos indultos de la vergüenza que tanto han beneficiado a la continuidad del mandamás. Su mayoría afín al sanchismo, que, socarronamente, no supo ver fanatismo violento en donde era más que evidente, tiene en su mano el último comodín dentro de nuestras fronteras.

Siendo previsible esa manipulación, antes de derivar el asunto a otro nivel más complejo como es Europa, no perdamos la fe. En un alarde de rigor y credibilidad, cuestionable estando el sanchismo detrás de la jugada, el posible bochorno y las risas que pueden sentirse en caso de que los presididos por el amigo Conde-Pumpido fallen a favor del delincuente condenado, puede ejercer un peso relevante para que se imponga la profesionalidad, la seriedad y la lógica. No hay duda de que la mano de Sánchez, con su bufón ministerial haciendo todo lo pertinente, tendrá protagonismo en esta última batalla con el TC de mediador escorado, pero confiemos en la sensación de vergüenza que pueden sentir los que calientan sillones en dicho Tribunal, dejando una posibilidad a la opción de que cumplan con su compromiso profesional sin plegarse a las presiones.

Javier Megino