Parece lógico pensar que la mayoría puede estar alineada con los acontecimientos recientemente vividos en nuestra hermana Venezuela. Al menos esa debería ser la conclusión evidente de los que defienden el sistema democrático y la legalidad, sin entender que pueda llegarse al poder por la vía de la mediación en unos recuentos poselectorales con malas artes. Y, si añadimos a dicha anomalía antidemocrática el ejercicio de una política servil con sectores fuera de la ley, como es el narcotráfico, o la aplicación de criterios dictatoriales y frentistas que distancian a los palmeros del Régimen corrupto de la mayoría real de la sociedad, que vive oprimida, se puede llegar a comprender lo sucedido en el país caribeño.

Pero, aunque nos cueste llegar a entender que usando la fuerza se imponga la ley justificándose en esas contaminaciones del sistema, también es exigible que al menos sea para que se reconduzca una situación anómala tras falsear la realidad electoral. Una manipulación que cambió una elección democrática por una política dictatorial con un ególatra copando el poder. Alguien capaz de mover los hilos a su alcance para que las instituciones le allanen el camino y garanticen su perdurabilidad.

Por ello, tras descabezar un corrupto sistema mafioso como el que lideraba Venezuela, dedicado a ahogar el futuro de sus compatriotas cuidando solo a los que interesaba tener contentos para apuntalar su apoyo y distrayendo a la sociedad con bailongas artes en los medios tutelados bajo el dominio del Régimen, se esperaba un prometedor cambio que limpiase en profundidad tanto fango maloliente dando un final convincente a las medidas correctoras puestas en marcha.

Sacar a un maligno del poder por abuso, intromisión en las instituciones y connivencia con sistemas mafiosos y corruptos fuera de la ley, exigía una corrección definitiva y no a medio gas. La tibieza, sin que el recambio del sistema sea completo y permitiendo la continuidad del chavismo, ahora de la mano de la que vino a escondidillas por Barajas sin aclarar aún el porqué, no parece la solución más acertada, a no ser que la prudencia sea la que impere y la estrategia sea de recorrido paulatino.

Sí, a la postre, esto no sirve para un reemplazo acorde con la realidad social reflejada en las actas de las urnas en manos de la oposición, puede ganar peso la duda respecto de la razón real de la intromisión fiscalizadora del primer ejército mundial en la corrupta sociedad heredera del chavismo. Algo que gana peso al ver como ya se baraja un nuevo capítulo, entrando ahora en liza Groenlandia (territorio danés), lo que puede dar sentido y cierta credibilidad al enfoque que interpreta las acciones militares bajo un fundamento meramente económico de control de los recursos naturales tan imprescindibles en la economía actual.

A la espera de acontecimientos, con Maduro encarcelado y Trump reafirmando su posición y expectativas, estamos inmersos en un mar de dudas contando los días para ver al mediador Zapatero salir a la luz para dulcificar y dar coba al amigo que hoy tiene tras las rejas en Nueva York.

Javier Megino