A lo largo de la historia no ha habido un sistema político que dé a todos los ciudadanos mayor presencia en soberanía que el vigente, el parlamentario liberal.

En el enunciado de “la ley de memoria histórica” acuñado por el PSOE con intención de involucionar la historia, y sin entrar en el contenido, sorprende que se use el término memoria, cuando la ley educativa preconizada por la señora Celaá ministra del mismo partido la descarta como método de aprendizaje. Una contradicción constante es la nota más llamativa del Gobierno hasta tal punto que está calando en otros sectores y puede que llegue a la población en general si no se niega a aceptar medidas y opiniones oportunistas, determinadas según la ocasión.

Dirigir un país obliga a tener como prioritario el mantener en sus funciones establecidas las instituciones que lo configuran. Y en estos momentos no se cumple esta premisa, rige en Cataluña un acuerdo legislativo dirigido por un huido de la Justicia, el señor Puigdemont que por cierto sufraga su escapada con el dinero público de todos los españoles, una lamentable situación que debería haberse cuestionado y luego para erradicarla aplicar medidas legales. También sorprende que el nuevo presidente de la Generalidad catalana, Pere Aragonès, en su discurso se haya comprometido a conseguir la independencia de Cataluña, propósito contrario a la Constitución. Estos son los compañeros del tránsito gubernamental del señor Sánchez, compañeros dañinos, adelantados en la destrucción del Estado. Anomalía, los apoyos del Gobierno de España en la legislatura son los que la quieren desmembrar en trozos, según ellos es democracia, otra de las muchas contradicciones que adornan a la Administración.

La envestida a la estabilidad, el asalto a la frontera ceutí, ha mostrado de nuevo la capacidad interpretativa del equipo ejecutivo, crisis migratoria o asalto marroquí.

El verdadero significado de “memoria” está en vías de adulterarse, se tiene presente sólo lo que interesa no a todos ni a la nación sino a un grupo, a un partido o sector social y es en ese contexto cuando se brama, se jalea o se desgarran las vestiduras, el acento viene marcado por la estrategia ideológica, encuadrada en la mente obsoleta de algunos aficionados políticos, aficionados pues no respetan el significado real de la palabra, la que les obliga a actuar con honestidad en el marco jurídico establecido.

Ahí está el núcleo fundamental de toda la reflexión: tener memoria de lo que marca la Carta Magna y con ella en la mano rastrear cualquier iniciativa o ejecución institucional. Y a partir de ahí evaluar los efectos posibles o los ya acaecidos. Si éste es el primer paso, luego habrá que afrontar el siguiente, rectificar a tiempo, pero si ya se ha ejecutado la decisión y ha traído consecuencias muy lamentables, no toca más que asumir la dimisión.

Nada obliga a presentarse en una lista a unas elecciones, nada empuja a afiliarse a un partido político, es una decisión libre y por libre conlleva consecuencias.

Estamos perplejos ante el recorrido de los muchachos marroquíes en el territorio de la ciudad de Ceuta. Menores de edad, muchos buscados desde el otro lado de la frontera por sus padres, en cambio lo que completa las imágenes y comentarios periodísticos, marionetas del régimen, es la emotividad prefabricada por la manipulación. Pocas son las voces que alientan a recomponer el ambiente familiar perdido y al mismo tiempo demostrar al país vecino que los límites fronterizos son infranqueables, que los efectivos de vigilancia y seguridad están dispuestos para hacer cumplir la legislación tanto nacional como internacional. No, lo único que se le ocurre al Presidente es repartir a los muchachos por distintas comunidades autónomas, corresponsabilizarlas como buen representante de un Estado descentralizado o como él indica un esbozo de un Estado federal, cuando esa decisión es en realidad eludir el gobernar, lo mismo que hace y ha hecho en los aeropuertos, no poner limitaciones a la llegada de visitantes, ¿con qué fin?, en este caso concreto derribar al equipo de la señora Ayuso, pero es un buen y exquisito gobernante, es lo que se martillea en medios amigos repartidos por todos los rincones del país.

Fortalecer la memoria y tener muy presente todo lo dicho y realizado. No permitir que vacíen las mentes y las conviertan en una mera resonancia de lo que desde el poder se indica.

Ana María Torrijos